sábado, 23 de junio de 2012
para el desesperado
aunque el camino a la verdad
sea difícil y a veces consideres
que no lleva a ninguna parte,
no dejes de transitarlo:
tarde o temprano verás los frutos de tu espera.
aunque el mundo te parezca perverso
y no obtengas ninguna recompensa
ni aquí ni en otra parte,
no dejes de hacer el bien:
recuerda, el bien se justifica a sí mismo.
aunque existan cosas horribles,
la violencia y la crueldad,
las máscaras y la mentira,
no dudes de la belleza:
tarde o temprano, donde menos te lo esperes,
ella aparece.
aunque las naciones no sean otra cosa
que territorios llenos de gente,
todas iguales en todas partes,
y la historia te parezca una memoria de infamias,
no dejes de ser ciudadano:
la civilización es lo único que nos hace hombres.
aunque observes a los otros comportarse como animales,
sólo preocupados por la comida, el refugio y la supervivencia;
aunque toda la ciencia nos diga, hasta el fin de los tiempos,
que no existe gran diferencia entre un hombre y un primate,
no dejes de ser humano:
cuida tu humanidad como una gema preciosa.
y aunque la muerte parezca dominar el panorama,
aunque toda hora pase
y nada dure para siempre,
no dejes de vivir:
de vivir profundamente.
viernes, 22 de junio de 2012
Borges
a pesar de las cortinas
la luz penetra la sala.
los sonidos de la calle
atenuados por las ventanas cerradas.
en el centro de la habitación,
un hombre cuenta las sílabas
sumido en la contemplación.
se distrae un momento y
añora la vida de sus antepasados.
al dormir, nada lo consuela.
a un muelle olvidado
con tu madera astillada,
llena de guano y pescado muerto,
te obstinas en resistir
el embate del mar y el pesado viento,
la ocasional lluvia, la sal y la arena,
la podredumbre y el tiempo corrosivo.
en fin, el destino de todo aquél
que vive alejado del hogar.
ritmos
los astros que se mueven
con lenta y pesada precisión,
los ríos que fluyen
como si fueran la sangre de los peñascos,
la fertilidad y los ciclos femeninos,
las danzas primitivas y modernas,
el juego constante de las mareas,
los vientos que modifican la superficie,
las íntimas pulsaciones de la pasión y el deseo
y la sangre que fluye
como si participara de una aguda pendiente,
el monzón indio y las demás lluvias del planeta,
los secretos vaivenes de la amistad y
el cambio ritual de las estaciones.
poema desentrañado de una anécdota Zen
aunque estas líneas sean imperfectas,
todo es lo mejor.
incluso si consideras que hay cosas que pueden mejorarse,
escucha, todo es lo mejor.
aunque mi voz no exprese una certeza absoluta.
la caída de las hojas secas
si tan sólo fuera el sol del verano,
no tendría por qué preocuparme por aclarar las cosas.
mi sola presencia sería garantía de claridad.
si fuera la brisa del verano,
no necesitaría esforzarme por renovar las artes.
yo sería quien mueve las copas de los árboles.
el gran responsable de la caída de las hojas secas.
si fuera una nube veraniega,
no tendría que escribir poemas para registrar mi paso por el mundo.
mi vida no requeriría de escribas.
olvido y memoria serían términos completamente incomprensibles.
si tan sólo fuera un atardecer de verano,
no tendría que preocuparme por las formas literarias.
ya todo lo importante estaría perfectamente expresado.
el sonido de los grandes poemas
es el sonido de las hojas que caen
y se amontonan sin cesar,
de la ola que termina en espuma,
de la brisa nocturna
y de la lluvia que la acompaña.
es el sonido de una guitarra solitaria,
de la flor que agoniza,
del suicida que no se arrepiente.
es el sonido de las ciudades tumultuosas,
pero también de las montañas, las sabanas
y los bosques.
es el sonido de la tierra
que parece dormida
y del agua inquieta.
grifería
el grifo gotea
constantemente,
intento apretarlo,
pero todo esfuerzo
termina por ser inútil,
a cada gota siempre
le sigue otra igual.
luego pienso
que el mecanismo
ya no funciona,
pienso en todas
esas tuberías ocultas,
en todas esas piezas desconocidas,
en los hombres que tuvieron que forjarlas
y en aquéllos a los que les tocó inventarlas,
en fin, en toda esa historia,
en toda esa compleja ingeniería
que se requiere para detener
la simplicidad del agua.
camino a la oficina
ser un hombre de negocios
y tararear tu canción favorita.
abrir la puerta
y comerciar con piedras preciosas.
saber que tienes dinero
y que tu deber es ser frívolo.
estar tan obsesionado con el dinero
que ya no importe nada más
ni siquiera la lluvia
que cae sobre los cadáveres.
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