al anochecer
con la lluvia y el viento
mezclándose
entre las luces de los carros,
los D. J.’s a veces colocan
buena música en la radio
—Marvin Gaye, Stevie Wonder
o incluso Miles Davis—
y el carro,
extraviado en el tráfico como en un desierto,
se transfigura en un especie de santuario.